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La misericordia pastoral

 

en "Amoris Laetitia- El amor en la familia”  Papa Francisco (2016)

 

 

 

305. … Un pastor no puede sentirse satisfecho sólo aplicando leyes morales a quienes viven en situaciones «irregulares»,
 como si fueran piedras que se lanzan sobre la vida de las personas.

 Es el caso de los corazones cerrados,
que suelen esconderse aun detrás de las enseñanzas de la Iglesia
 «para sentarse en la cátedra de Moisés y juzgar,
 a veces con superioridad y superficialidad,
los casos difíciles y las familias heridas»
[349].

 A causa de los condicionamientos o factores atenuantes, es posible que,
en medio de una situación objetiva de pecado
—que no sea subjetivamente culpable o que no lo sea de modo pleno—
se pueda vivir en gracia de Dios,
se pueda amar, y también se pueda crecer en la vida de la gracia y la caridad,
recibiendo para ello la ayuda de la Iglesia
[351].

 

[351] En ciertos casos, podría ser también la ayuda de los sacramentos. Por eso, «a los sacerdotes les recuerdo que el confesionario no debe ser una sala de torturas sino el lugar de la misericordia del Señor»: Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 44: AAS 105 (2013), 1038. Igualmente destaco que la Eucaristía «no es un premio para los perfectos sino un generoso remedio y un alimento para los débiles» ( ibíd, 47: 1039).

 

Por creer que todo es blanco o negro a veces cerramos el camino de la gracia y del crecimiento,
y desalentamos caminos de santificación que dan gloria a Dios.

Recordemos que «un pequeño paso, en medio de grandes límites humanos,
 puede ser más agradable a Dios que la vida exteriormente correcta de quien transcurre sus días sin enfrentar importantes dificultades»
[352].

La pastoral concreta de los ministros y de las comunidades no puede dejar de incorporar esta realidad.

 

306. En cualquier circunstancia, ante quienes tengan dificultades para vivir plenamente la ley divina,
debe resonar la invitación a recorrer la via caritatis.

La caridad fraterna es la primera ley de los cristianos
(cf. Jn 15,12; Ga 5,14).
No olvidemos la promesa de las Escrituras:
«Mantened un amor intenso entre vosotros, porque el amor tapa multitud de pecados»
(1 P 4,8);
«expía tus pecados con limosnas, y tus delitos socorriendo los pobres» (Dn 4,24).
«El agua apaga el fuego ardiente y la limosna perdona los pecados» (Si 3,30).

 

La lógica de la misericordia pastoral

 

307. Para evitar cualquier interpretación desviada, recuerdo que de ninguna manera la Iglesia debe renunciar a proponer el ideal pleno del matrimonio, el proyecto de Dios en toda su grandeza. …

 

308. Pero de nuestra conciencia del peso de las circunstancias atenuantes
—psicológicas, históricas e incluso biológicas—
se sigue que, «sin disminuir el valor del ideal evangélico,
hay que acompañar con misericordia y paciencia las etapas posibles de crecimiento de las personas que se van construyendo día a día», dando lugar a «la misericordia del Señor que nos estimula a hacer el bien posible»
[355].

Comprendo a quienes prefieren una pastoral más rígida
 que no dé lugar a confusión alguna.
Pero creo sinceramente que Jesucristo quiere una Iglesia atenta al bien
que el Espíritu derrama en medio de la fragilidad:

una Madre que, al mismo tiempo que expresa claramente su enseñanza objetiva, «no renuncia al bien posible, aunque corra el riesgo de mancharse con el barro del camino»
[356].

Los pastores, que proponen a los fieles el ideal pleno del Evangelio y la doctrina de la Iglesia,
deben ayudarles también a asumir la lógica de la compasión con los frágiles
y a evitar persecuciones o juicios demasiado duros o impacientes.

El mismo Evangelio nos reclama que no juzguemos ni condenemos
(cf. Mt 7,1; Lc 6,37).

Jesús «espera que renunciemos a buscar esos cobertizos personales o comunitarios
que nos permiten mantenernos a distancia del nudo de la tormenta humana,
para que aceptemos de verdad entrar en contacto con la existencia concreta de los otros
y conozcamos la fuerza de la ternura.
Cuando lo hacemos, la vida siempre se nos complica maravillosamente»
[357].

 

309. … La Esposa de Cristo hace suyo el comportamiento del Hijo de Dios
que sale a encontrar a todos, sin excluir ninguno»
[358].
Sabe bien que Jesús mismo se presenta como Pastor de cien ovejas, no de noventa y nueve. Las quiere todas.

310. No podemos olvidar
que «la misericordia no es sólo el obrar del Padre,
sino que ella se convierte en el criterio para saber quiénes son realmente sus verdaderos hijos.
Así entonces, estamos llamados a vivir de misericordia,
 porque a nosotros en primer lugar se nos ha aplicado misericordia»
[360].

… «la misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia.
Todo en su acción pastoral debería estar revestido por la ternura con la que se dirige a los creyentes;
nada en su anuncio y en su testimonio hacia el mundo puede carecer de misericordia»
[361].
Es verdad que a veces «nos comportamos como controladores de la gracia y no como facilitadores.
Pero la Iglesia no es una aduana, es la casa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas»
[362].

 

311. … Siempre se debe poner especial cuidado en destacar y alentar los valores más altos y centrales del Evangelio[363],
particularmente el primado de la caridad como respuesta a la iniciativa gratuita del amor de Dios.


 A veces nos cuesta mucho dar lugar en la pastoral al amor incondicional de Dios[364].
Ponemos tantas condiciones a la misericordia que la vaciamos de sentido concreto y de significación real, y esa es la peor manera de licuar el Evangelio.

312. Esto nos otorga un marco y un clima
que nos impide desarrollar una fría moral de escritorio al hablar sobre los temas más delicados,
y nos sitúa más bien en el contexto de un discernimiento
pastoral cargado de amor misericordioso,
que siempre se inclina a comprender, a perdonar, a acompañar, a esperar, y sobre todo a integrar.


Esa es la lógica que debe predominar en la Iglesia,
para «realizar la experiencia de abrir el corazón a cuantos viven en las más contradictorias periferias existenciales»
[366].


Invito a los fieles que están viviendo situaciones complejas, a que se acerquen con confianza a conversar con sus pastores o con laicos que viven entregados al Señor.
No siempre encontrarán en ellos una confirmación de sus propias ideas o deseos,
pero seguramente recibirán una luz
que les permita comprender mejor lo que les sucede y podrán descubrir un camino de maduración personal.


E invito a los pastores a escuchar con afecto y serenidad, con el deseo sincero de entrar en el corazón del drama de las personas y de comprender su punto de vista, para ayudarles a vivir mejor y a reconocer su propio lugar en la Iglesia.

 

 

Selección de texto y formato: M.Hanglberger (www.hanglberger-manfred.de)

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